Unter dem Meer

Los arrecifes de coral son uno de los ecosistemas más espectaculares de la tierra. Cercan el globo en torno a las aguas tropicales de todos los océanos, cubriendo una superficie aproximada de 280.000 km². Incluso vistos desde el espacio relucen contorneando de brillantes colores las líneas costeras y creando formaciones dispersas en mar abierto. Sin embargo, su carácter singular no se revela hasta que los contemplamos de cerca: en ningún otro ecosistema se reúnen tantos seres vivos en un espacio tan reducido como en los arrecifes de coral. En su plenitud de vida compiten en multiplicidad o diversidad biológica únicamente con los bosques tropicales.

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280.000 km² bajo el mar

Desde la perspectiva humana, los corales no solo representan lo maravilloso y lo fascinante. Desde hace milenios los arrecifes de coral suponen también una importante fuente alimenticia para los habitantes de la costa y, como rompeolas ante las costas, suavizan los catastróficos efectos de las tormentas tropicales. Desde hace siglos contribuyen estos arrecifes a llenar de arena las playas e, incluso, a generar y proteger islas rocosas sobre las que vive mucha gente. Desde hace decenios, las islas de corales constituyen una atractiva meta para turistas, tanto para el descanso, como para la práctica del buceo y el submarinismo. Y con los viajeros surge una nueva fuente de ingresos para las naciones insulares, en su mayoría pobres. Los arrecifes de coral podrían sorprendernos en el futuro con el descubrimiento de productos naturales y formas de vida hasta ahora desconocidos, base para las más diversas aplicaciones.

Lagunas de conocimiento

Aún hoy en día, incluso las mejores mapas marítimos evidencian, para una serie de zonas oceánicas, sorprendentes lagunas de conocimiento, y en más de un caso, los datos sobre situación y tamaño de bancos de corales se remontan a observaciones del siglo XVIII. Pero la escasez de conocimientos no se reduce únicamente a la posición y dimensiones exactas de los arrecifes. Los datos actuales sobre la cantidad real de especies se basan más en meras estimaciones que en conocimientos empíricos. A las 100.000 especies conocidas y descritas se espera añadir entre 500.000 y 2 millones de nuevas especies, o incluso más.

En realidad, estas lagunas de conocimiento no son tan sorprendentes. Muchos bancos de corales se encuentran lejos de las rutas de navegación marítima y, por tanto, no parece urgente la edición de mapas exactos de estas áreas. Las investigaciones sobre la biología y la ecología de los corales se ven dificultadas por el hecho de que el hombre, sin el apoyo de instrumentos técnicos, no tiene la posibilidad de estudiar directamente el mundo subacuático. No fue hasta hace 50 años, con el desarrollo del submarinismo por medio del respirador y el regulador automático, que el conocimiento del mundo submarino empezó a ampliarse gracias a la investigación detallada y sistemática de corales y otras comunidades acuáticas

Photo: Wise_Hok_Wai_Lum
Zwei pazifische Doppelsattel-Falterfische (Chaetodon ulietensis) am Flynnriff, Great Barrier Reef, Australien (Foto: Wise Hok Wai Lum)

La fragilidad de los corales

Las transformaciones naturales son inherentes a todo ecosistema. Sin embargo, actualmente casi todas las comunidades biológicas naturales presentan cambios más o menos asombrosos; lo decisivo no es tanto el hecho en sí, como la rapidez y la dimensión de la transformación, así como la cuestión de en qué medida las actividades humanas contribuyen a acelerar los cambios. La destrucción de los bancos de corales mediante la pesca con dinamita, obras de construcción y cadenas de anclas, o la destrucción de formas de crecimiento especialmente escasas y filigranas como materia prima para la elaboración de adornos y bisutería, son consecuencias obvias de la falta de escrúpulos y de la precaria situación económica. Pero la mayor amenaza para los corales en los últimos años es el calentamiento de la atmósfera y de los mares tropicales.

La fragilidad y delicadeza de los corales se hizo patente en los años sesenta, cuando una especie de estrella de mar, denominada corona de espinas (Acanthaster planci), arrasó inmensas superficies de corales en la Gran Barrera de Arrecifes australiana, dejando tras de sí únicamente esqueletos calcáreos muertos. En 1987 se pudo observar por primera vez una nueva amenaza general para los arrecifes de coral: el denominado "blanqueo de corales" ("coral bleaching"), que se presentó al mismo tiempo en la Gran Barrera de Arrecifes, en Hawai, las islas Fiji, las Maldivas, las Bahamas, Jamaica, Puerto Rico y en otros lugares.

La muerte de corales

Los corales se componen de múltiples seres individuales, los pólipos, que viven en simbiosis con algas unicelulares, las denominadas zooxantelas. Estas algas producen, con ayuda de la luz solar, azúcar, hidratos de carbono y proteínas, sustancias con las que abastecen a su hospedante. A cambio reciben abono, en forma de amonio y fosfato, a través de las secreciones de los corales.

Los corales son extremadamente sensibles a los cambios de temperatura. Lo ideal es una temperatura del agua entre 25° C y 30° C. Si la temperatura sobrepasa los 30°C, mueren en primer lugar las microscópicas zooxantelas, que surten de alimento a los corales, y luego los corales mismos. Lo que queda no es más que un palidecido esqueleto calcáreo blanco, que da nombre a este fenómeno.

En 1998, como consecuencia del fenómeno climático conocido como "El Niño", la muerte de corales a nivel mundial alcanzó un punto culminante, seguido por una cierta recuperación limitada en algunas zonas. Sin embargo, también en el 2002 se teme una nueva expansión de los daños, dado que la temperatura de la superficie del agua continúa en tendencia de subida. Probablemente, el blanqueo de corales se presentará durante los años venideros con más frecuencia y vehemencia.

Resulta evidente que los corales no podrán guardar el paso con la velocidad de las modificaciones en las temperaturas de los mares y los procesos consecuentes, pues ello sería exigir más de lo que su capacidad de adaptación genética permite. Por regla general, las adaptaciones a condiciones ambientales cambiantes requieren mucho, muchísimo tiempo.

Korarllen
Ein Halsband-Anemonenfisch (Amphiprion perideraion) sucht Schutz in einer Prachtanemone (Heteractis magnifica) (Foto: Nick Hobgood)

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